La divulgación de la ciencia como una
herramienta poderosa para el fomento de la
Nanotecnología
El siguiente texto es parte de las memorias del encuentro sobre nanociencia y nanotecnología NANOMEX 2010. Mi trabajo pretendía ser una propuesta de divulgación enfocada a la nanotecnología, lamentablemente no pude asistir a dicho encuentro. Así que al menos comparto mi idea.
El brillante físico Richard Feynman, ganador del Premio Nobel, fue un
visionario de una de las áreas científicas y tecnológicas que darán forma al siglo XXI:
La Nanotecnología. En una charla titulada “Hay mucho espacio en el fondo”, dictada en
1959 en el Instituto Tecnológico de California, Feynman dijo a los estudiantes que
abarrotaban la sala: “Los principios de la física, tan lejos como puedo alcanzar a ver, no
dicen nada en contra de la posible manipulación de la materia átomo por átomo”. [1]
Hoy en día, en diversas partes del mundo se realizan esfuerzos de alto nivel por llevar a
la práctica las visiones de Feynman. A diferencia de generaciones anteriores, nosotros presenciamos cambios en nuestro modo de vida mucho más frecuentes, nos ha tocado vivir revoluciones del conocimiento y los avances tecnológicos son parte integral de nuestra sociedad. Cuestiones de vital importancia para nuestro futuro, requieren del conocimiento de la ciencia, una de las áreas más prometedoras y con mayores alcances, por sus posibles aplicaciones y por sus implicaciones éticas, legales y sociales; es la nanotecnología. [2] En una sociedad como la nuestra, que aspira a la democracia, las decisiones deberían ser tomadas por la población en general. Si estamos bien informados es más probable que tomemos buenas decisiones, esto en cualquier sentido, pero de manera muy importante en cuestiones que involucren los nuevos desarrollos científicos, de los cuales la nanociencia y la nanotecnología son de los campos más activos en este momento. A pesar de que a diario
usamos avances tecnológicos para el transporte, el trabajo, la comunicación y el ocio,
nuestra sociedad padece de analfabetismo científico. ¿Cómo podemos esperar que las
decisiones sean adecuadas? Por desgracia y a pesar de que nos movemos en un mundo donde la ciencia y la tecnología tienen una importancia vital, carecemos de una mínima cultura científica, al ciudadano común no le interesan los avances científicos o en caso de que le interesen no cuenta con información suficiente para comprenderlos plenamente y vislumbrar su significado y sentido.[3] La gran mayoría de estudiantes de nivel escolar medio y medio superior ven a la ciencia como algo aburrido, difícil, exento de placer y futuro, de lo cual desean librarse cuanto antes. Claro que estos mismos estudiantes usan teléfonos celulares, iPads, y demás productos de la tecnología como cosméticos, ropa, automóviles, medicamentos, alimentos procesados, pantallas LED y por supuesto, Internet y las redes sociales.
Pero la falta de una cultura científica —no como una cultura aparte porque no
hay que olvidar que la ciencia es parte integral de la cultura— no sólo contribuye al
reducido número de la matrícula en las carreras científicas, sino que tiene importantes
implicaciones en nuestra sociedad y nuestro nivel de vida. En un país carente de cultura
científica como el nuestro, es más difícil que la población se dé cuenta que nos hace
falta desarrollo científico, y de la importancia que éste tiene para aumentar el nivel de
vida de los habitantes, además de poder evitar la dependencia tecnológica a la cual nos
tienen encadenados países más desarrollados. Como expone Marcelino Cereijido en uno
de sus escritos, los funcionarios subdesarrollados declaran: “Ahora tenemos problemas
graves, pero en cuanto los resolvamos apoyaremos a la ciencia”. Esto refleja que
dichos funcionarios no se han dado cuenta que uno de los papeles de la ciencia es
resolver problemas, por tanto sus declaraciones suenan a: “Ahora tengo que resolver
estas ecuaciones diferenciales, pero en cuanto lo consiga estudiaré matemáticas”. [4]
De ahí que cuando los obreros y empresarios mexicanos se colapsan ante la
competencia extranjera, basada precisamente, en ciencia moderna y tecnología
avanzada, no contactan a nuestras universidades en busca de ayuda y solución. La
cultura científica no sólo es necesaria para nuestro desarrollo y nuestro avance como
sociedad, es además, deliciosa e interesante, puede producir en algunos de nosotros
sentimientos parecidos a los que experimentamos cuando escuchamos una sinfonía
gloriosa, apreciamos una pintura hermosa, leemos una novela entrañable o besamos con
pasión a la persona que amamos.[5]

He aquí la importancia capital que la divulgación de la ciencia juega en el fomento de esta nueva área efervescente del desarrollo científico y tecnológico, la nanotecnología. Es necesario ampliar esfuerzos y no perder de vista el poder de una divulgación bien enfocada, de manera que no sólo transmitamos los nuevos avances científicos, sino sus consecuencias e implicaciones sociales, éticas, legales, en la salud y vida diaria de las personas. Se necesitan estrategias diversas de divulgación y una fuerte conexión y colaboración entre los diversos involucrados: Divulgadores, periodistas científicos, comunicadores y, desde luego, los propios científicos, los cuales deben darse cuenta de su responsabilidad ante la sociedad a la que pertenecen. Ya hemos visto antes los efectos perniciosos de la desinformación o, más frecuentemente, la información errónea de que somos víctimas por parte de charlatanes. Los científicos no deberían permitir quedar impávidos ante esta situación.
Agradecimientos. A la comunidad mexicana de divulgadores de la ciencia, siempre
activos en una actividad vital para todos.
Referencias
[1] Richard Feynman, There’s plenty of Room at the Bottom, Caltech’s Engineering and
Science, 1960. Disponible en www.cyp.org.mx
[2] Iván O. Sosa, Nanotecnología. Instantáneas del cambio tecnológico, Segunda
Edición, México, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2007.
[3] Marcelino Cereijido, Por qué no tenemos ciencia, México, Siglo XXI, 1997.
3
[4] Marcelino Cereijido, ¿Qué hacer para transformar a nuestros investigadores en
científicos?, En Revista Cinvestav, México, Cinvestav-IPN, Enero-Marzo 2006.
[5] Martín Bonfil Olivera, La ciencia por gusto. Una invitación a la cultura científica,
México, Paidós, 2004.