lunes 1 de agosto de 2011

Suplemento Vitamínico de Lectura: Bef

A continuación un suplemento de lectura, diez cuentos recomendados por Bef... : )


Suplemento Vitamínico de Lectura: Bef

PRESCRIBE:

Bernanrdo Fernández «Bef» (1972)

Escritor nacido en la ciudad de México. Autor de las novelas Tiempo de alacranes, Ladrón de sueños y recientemente Hielo negro. Dibujante de historietas entre las que destacanPulpo Cómics y Monorama.

DOSIS

1. «Blood Music», de Greg Bear.

2. « Bubba Ho-Tep», de Joe R. Lansdale.

3. «Ella se llamaba Sara», de Pepe Rojo.

4. «Survivor Type», de Stephen King.

5. «We See Things Differently», de Bruce Sterling.

6. «In the Hills, the Cities», de Clive Barker.

7. «The Blue Rose», de Peter Straub.

8. «Tom Edison´s Shaggy Dog», de Kurt Vonnegut, jr.

9. «Faith of Our Fathers», de Philip K. Dick.

10. «Lowland Sea», de Susy McKee Charnas.

Nota del prescriptor: Tengo una fuertísima vocación tanto anglófila como por lo fantástico. Cada uno de ellos me cambió la manera de leer o escribir.

No hay orden preferencial

SUMINISTRO DE LA DOSIS

Sírvase pulsar los títulos de los cuentos que posean hipervínculos para encontrar su medicamento y/o vitamina.

martes 8 de marzo de 2011

Nanodivulgación



La divulgación de la ciencia como una
herramienta poderosa para el fomento de la
Nanotecnología




El siguiente texto es parte de las memorias del encuentro sobre nanociencia y nanotecnología NANOMEX 2010. Mi trabajo pretendía ser una propuesta de divulgación enfocada a la nanotecnología, lamentablemente no pude asistir a dicho encuentro. Así que al menos comparto mi idea.

El brillante físico Richard Feynman, ganador del Premio Nobel, fue un
visionario de una de las áreas científicas y tecnológicas que darán forma al siglo XXI:
La Nanotecnología. En una charla titulada “Hay mucho espacio en el fondo”, dictada en
1959 en el Instituto Tecnológico de California, Feynman dijo a los estudiantes que
abarrotaban la sala: “Los principios de la física, tan lejos como puedo alcanzar a ver, no
dicen nada en contra de la posible manipulación de la materia átomo por átomo”. [1]

Hoy en día, en diversas partes del mundo se realizan esfuerzos de alto nivel por llevar a
la práctica las visiones de Feynman. A diferencia de generaciones anteriores, nosotros presenciamos cambios en nuestro modo de vida mucho más frecuentes, nos ha tocado vivir revoluciones del conocimiento y los avances tecnológicos son parte integral de nuestra sociedad. Cuestiones de vital importancia para nuestro futuro, requieren del conocimiento de la ciencia, una de las áreas más prometedoras y con mayores alcances, por sus posibles aplicaciones y por sus implicaciones éticas, legales y sociales; es la nanotecnología. [2] En una sociedad como la nuestra, que aspira a la democracia, las decisiones deberían ser tomadas por la población en general. Si estamos bien informados es más probable que tomemos buenas decisiones, esto en cualquier sentido, pero de manera muy importante en cuestiones que involucren los nuevos desarrollos científicos, de los cuales la nanociencia y la nanotecnología son de los campos más activos en este momento. A pesar de que a diario
usamos avances tecnológicos para el transporte, el trabajo, la comunicación y el ocio,
nuestra sociedad padece de analfabetismo científico. ¿Cómo podemos esperar que las
decisiones sean adecuadas? Por desgracia y a pesar de que nos movemos en un mundo donde la ciencia y la tecnología tienen una importancia vital, carecemos de una mínima cultura científica, al ciudadano común no le interesan los avances científicos o en caso de que le interesen no cuenta con información suficiente para comprenderlos plenamente y vislumbrar su significado y sentido.[3] La gran mayoría de estudiantes de nivel escolar medio y medio superior ven a la ciencia como algo aburrido, difícil, exento de placer y futuro, de lo cual desean librarse cuanto antes. Claro que estos mismos estudiantes usan teléfonos celulares, iPads, y demás productos de la tecnología como cosméticos, ropa, automóviles, medicamentos, alimentos procesados, pantallas LED y por supuesto, Internet y las redes sociales.

Pero la falta de una cultura científica —no como una cultura aparte porque no
hay que olvidar que la ciencia es parte integral de la cultura— no sólo contribuye al
reducido número de la matrícula en las carreras científicas, sino que tiene importantes
implicaciones en nuestra sociedad y nuestro nivel de vida. En un país carente de cultura
científica como el nuestro, es más difícil que la población se dé cuenta que nos hace
falta desarrollo científico, y de la importancia que éste tiene para aumentar el nivel de
vida de los habitantes, además de poder evitar la dependencia tecnológica a la cual nos
tienen encadenados países más desarrollados. Como expone Marcelino Cereijido en uno
de sus escritos, los funcionarios subdesarrollados declaran: “Ahora tenemos problemas
graves, pero en cuanto los resolvamos apoyaremos a la ciencia”. Esto refleja que
dichos funcionarios no se han dado cuenta que uno de los papeles de la ciencia es
resolver problemas, por tanto sus declaraciones suenan a: “Ahora tengo que resolver
estas ecuaciones diferenciales, pero en cuanto lo consiga estudiaré matemáticas”. [4]
De ahí que cuando los obreros y empresarios mexicanos se colapsan ante la
competencia extranjera, basada precisamente, en ciencia moderna y tecnología
avanzada, no contactan a nuestras universidades en busca de ayuda y solución. La
cultura científica no sólo es necesaria para nuestro desarrollo y nuestro avance como
sociedad, es además, deliciosa e interesante, puede producir en algunos de nosotros
sentimientos parecidos a los que experimentamos cuando escuchamos una sinfonía
gloriosa, apreciamos una pintura hermosa, leemos una novela entrañable o besamos con
pasión a la persona que amamos.[5] 


He aquí la importancia capital que la divulgación de la ciencia juega en el fomento de esta nueva área efervescente del desarrollo científico y tecnológico, la nanotecnología. Es necesario ampliar esfuerzos y no perder de vista el poder de una divulgación bien enfocada, de manera que no sólo transmitamos los nuevos avances científicos, sino sus consecuencias e implicaciones sociales, éticas, legales, en la salud y vida diaria de las personas. Se necesitan estrategias diversas de divulgación y una fuerte conexión y colaboración entre los diversos involucrados: Divulgadores, periodistas científicos, comunicadores y, desde luego, los propios científicos, los cuales deben darse cuenta de su responsabilidad ante la sociedad a la que pertenecen. Ya hemos visto antes los efectos perniciosos de la desinformación o, más frecuentemente, la información errónea de que somos víctimas por parte de charlatanes. Los científicos no deberían permitir quedar impávidos ante esta situación.

Agradecimientos. A la comunidad mexicana de divulgadores de la ciencia, siempre
activos en una actividad vital para todos.


Referencias

[1] Richard Feynman, There’s plenty of Room at the Bottom, Caltech’s Engineering and
Science, 1960. Disponible en www.cyp.org.mx
[2] Iván O. Sosa, Nanotecnología. Instantáneas del cambio tecnológico, Segunda
Edición, México, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2007.
[3] Marcelino Cereijido, Por qué no tenemos ciencia, México, Siglo XXI, 1997.
3
[4] Marcelino Cereijido, ¿Qué hacer para transformar a nuestros investigadores en
científicos?, En Revista Cinvestav, México, Cinvestav-IPN, Enero-Marzo 2006.
[5] Martín Bonfil Olivera, La ciencia por gusto. Una invitación a la cultura científica,
México, Paidós, 2004.

jueves 15 de abril de 2010

16.7.45


Naciste en plena madrugada desértica, en un frío rincón poblado por serpientes acústicas. Mientras tus numerosos padres cruzaban los dedos, tú mirada incandescente tocó hasta el último grano arenoso, núcleo cristalizador de una nueva era

Maduraste rebosante, de pequeña esfera de luz líquida surgió la curva ardiente; gritando por el placer de la vida parecías desear el infinito

Paladeaste gotas de aire, arrancando dolor al horizonte antes del amanecer
Avanzaste como una tormenta, inundando el mundo con la muerte prismática
La resurrección llegó después, abriste los ojos prisionera, crucificada en carbón
Sumergida en esclavitud por una adopción depravada, impulsando la hélice del amo,
lanzas a tus diminutas larvas por los túneles del cáncer urbano
El foco ilumina la hoja en blanco.

martes 30 de marzo de 2010

MAELSTRÖM CUÁNTICO


O God, I could be bounded in a nutshell and count myself a King of infinite space.
 WILLIAM SHAKESPEARE       Hamlet, acto II, escena 2

Al mirar las campiñas a través de las ventanas, rememoró uno de los apacibles días de campo en compañía de su familia, ésos que disfrutó durante su infancia; casi podía escuchar de nuevo a su padre tratando de explicarle qué era lo que hacía caer las cosas al suelo, que extraña influencia nos mantenía pegados a la tierra y evitaba que saliéramos volando al espacio, contándole una vez más la leyenda de Newton y la manzana; mientras, volteaba la carne en el asador y mordía una cebolla chamuscada. Sin embargo, cuando el exterior se transformó en una zona boscosa y los árboles pasaban a toda velocidad ante su vista como si fueran una cápsula de la NASA simulando fuerzas g’s, Víctor recordó que estaba en un tren maglev de alta velocidad rumbo a Ginebra, cerca de la frontera con Francia donde se encontraban las instalaciones del aún llamado CERN, el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares.

            El CERN seguía siendo el centro de investigación en física de altas energías más grande de la tierra, pero desde la puesta en marcha del LHC, el Gran Colisionador de Hadrones; se había convertido en el punto focal de atención de todas las sociedades físicas del mundo. El superacelerador estaba formado por un anillo de 30 kilómetros de perímetro, dividido por varios detectores con funciones diversas, así como centros de control a distancia; gigantescos campos electromagnéticos aceleraban las partículas cargadas a velocidades relativistas, alcanzando energías mayores a cien gigaelectrón voltios, la energía de unificación electrodébil.

Víctor S. Vallarta era un destacado físico graduado en la Facultad de Ciencias de la UNAM y doctorado en el Instituto Max Planck de Física Gravitacional. Durante su estancia en Alemania publicó algunos artículos relacionados con la unificación gravitacional, los cuales despertaron gran interés por su tratamiento novedoso de la Supersimetría y lo convirtieron en una referencia obligada para las investigaciones de gravedad cuántica. Unos meses atrás, Vallarta se había integrado al grupo de investigación del CERN.

            La excitación lo inundaba especialmente aquella tarde, regresaba de pasar unos días en Berlín, había presentado una ponencia en el Taller Internacional de Gravitación, donde había sido cuestionado sin piedad por el célebre Dr. Alcubierre, quien dudó de la posibilidad de que los experimentos fueran realmente una prueba de la Supersimetría; también le indicó la posibilidad de efectos gravitacionales cuánticos pero Víctor afirmó que no los creía posibles.
—A excepción... de que produzcamos “La Partícula de Dios” —dijo con tono burlón, refiriéndose al bosón de Higgs.

Desde principios del siglo XXI existían una pléyade de teorías que pretendían llevar a cabo “La Gran Unificación”, la unión en un solo marco teórico completo de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza: la fuerza electromagnética, la fuerza nuclear débil, la fuerza nuclear fuerte y, por supuesto, la gravedad. Entre las más prometedoras, se encontraban la teoría de Supercuerdas y la Gravedad Cuántica de Bucles. Sin embargo, en épocas más recientes, el posible descubrimiento de las partículas de la Supersimetría inclinaba la balanza a favor de ésta última. 

En vez de tomar el avión directamente a Ginebra decidió pasar un par de días en Berna como un simple turista, quería distraerse un poco de lo discutido durante las charlas del Taller. Se registró en un hotel barato y se dedicó a pasear por la ciudad. El segundo día de su estancia recibió la llamada por twitterphone de Ekaterina vía Internet 2.0 en su iPad-Next mientras desayunaba; no pudo evitar quemarse la lengua con el café al ver cómo la imagen de la hermosa mujer de pelo rojizo y ojos de miel se materializaba en la pantalla. Su colega le informó que se requería su presencia en el laboratorio lo más rápido posible; los últimos resultados eran muy desconcertantes y a la vez prometedores. Creían tener un descubrimiento muy importante, si se confirmaba.
―Desde luego requerían su opinión “teórica” ―pensó él divertido.
Prometió llegar esa misma noche, ella aceptó gustosa y se despidió mandando un beso que Víctor deseó que lograra atravesar la pantalla de polimerflex portátil. Pidió la cuenta y, después de apagarla, dobló la pequeña tableta Apple, tomándola con la mano como si fuera una vieja revista. Lamentó nuevamente el rechazo de Ekaterina a su invitación al congreso de Berlín; hubiera podido pasar esos días en Berna en compañía de ella y, mejor aún, las noches. Pasó a su hotel a recoger sus pertenencias y se encaminó a tomar un tren a Ginebra.

La confirmación experimental de su teoría significaba el premio Nobel sin duda. Y más que eso: haría posible comprender cabalmente el funcionamiento del universo desde ese momento hace 13,700 millones de años, cuando todo inició. Estos pensamientos mantenían a Víctor como un átomo excitado emitiendo rayos X, mientras el tren se desplazaba levitando, suave e inexorable.

Cuando llegó a la estación de Ginebra Ekaterina Boranova lo recibió cubierta por un vestido negro que marcaba maravillosamente sus curvas y después de darle un fuerte abrazo le dijo al oído: Qué bueno que llegas pronto Vic, ya te extrañaba. Tenías razón, fue un error no acompañarte a Berlín, pero estoy dispuesta a repararlo... Media hora después ya estaban en el departamento de ella, cerca de  las instalaciones del CERN.
―Creí que era urgente llegar al centro de control ―exclamó Vallarta. Ekaterina  rodeó con sus brazos el cuello de él, besándolo intensamente.
―No Vic, sólo quería que llegaras pronto, sé cómo te gusta quedarte de turista a la primera oportunidad ―susurró ella mirándolo a los ojos casi sin separar sus labios de él. Víctor decidió que no era momento para reflexiones estúpidas y colocó sus manos en las firmes caderas, acariciándolas. Bajo las manos y subió la suave tela del vestido, sintiendo la cálida piel rusa, una deliciosa paradoja.
Más tarde, yacían abrazados bajo la tenue luz de la sala, su desnudez cubierta sólo por una manta roja, cual extensión del cabello femenino. Víctor se sentía poseído por un profundo adormecimiento y hubiera querido dormir pero de pronto escucho la excitada voz femenina.
―Estamos emocionados y a la vez desconcertados por los resultados de las colisiones Vic ―dijo mientras apretaba su muslo derecho contra el abdomen de él.
―Por eso fue que tomé el tren en cuanto recibí tu llamada, Ekaterina. ¿Es cierto que no sólo se registraron eventos de creación supersimétrica sino también colisiones que podrían significar la presencia del bosón de Higgs?
―Así es, Vic ―respondió ella. Las simulaciones de sucesos aniquilación materia-antimateria son idénticas a los sucesos reales, excepto por la presencia inesperada de ciertas partículas.
―¿Qué partículas?
―Algunos neutrinos tauónicos ―Víctor la miró con asombro— no deberían estar, ¿cierto?.
―Su presencia solo puede deberse a la cascada de decaimiento que generaría el Higgs ―exclamó él incorporándose del cómodo sofá. Pero este es un resultado totalmente imprevisto. ¿Cómo es que un experimento que casi vuelve obsoleto el modelo estándar a la vez obtiene la partícula del campo de Higgs?
―No sabemos exactamente qué significa Vic ―Ekaterina parecía animada. Por supuesto puedes ver que si es así, podríamos no sólo lograr reproducir las condiciones más primitivas del universo y poder “ver” su origen. Además podemos desentrañar el misterio de la masa inercial y estudiar al causante, ¡el bosón Higgs! ―exclamó emocionada Ekaterina.
―No entiendes... este experimento no estaba preparado para la aparición del Higgs ―dijo Víctor con un tono alarmado—. Su mirada estaba fija en la flama de una vela de la mesa de centro, parecía que veía algo que le causaba espanto.
Recordó las palabras del viejo Alcubierre: “¿Esta seguro, Dr. Vallarta, de haber tomado en cuenta la posible aparición de efectos gravitacionales cuánticos?”. Víctor comprendió la estupidez que había cometido y sintió temor ante lo que podrían significar los resultados del experimento.
—Sin un aislamiento electromagnético especialmente diseñado para limitar el número de partículas, el bosón interaccionará con ellas sin control —reflexionó Víctor—. Y eso significa... ¿está realizando Nobusuke más sucesos de colisión...?
―¡Demonios! ¡Ya sé a lo que te refieres...! ―exclamó Ekaterina con horror—. El bosón de Higgs es el portador de la masa, comunica a las partículas dicho efecto. Y según el viejo Herr Einstein la densidad de masa curva al espacio-tiempo, si dicha curvatura alcanza cierto límite puede crearse... ¡una singularidad!
—¡Exacto! ¡He cometido el peor error de mi vida! ―gritó Vallarta al tiempo que se ponía los pantalones y la camisa apresuradamente. Debemos comunicarnos con Nobusuke inmediatamente. Ekaterina ya marcaba el código privado del ingeniero responsable del alimentador de antimateria

En uno de los centros de telecontrol Nobusuke Nishijima bebe una taza de té caliente, acaba de poner en marcha el experimento de mayor energía hasta el momento, justo el que Ekaterina y él creen que estará de acuerdo con las simulaciones produciendo el Higgs. Hubiera querido consultar al Dr. Vallarta antes de hacerlo, pero según su pelirroja colega ―que habló con Víctor esa mañana― llegara hasta el siguiente día. Considera que la desazón que siente es sólo paranoia injustificada. Se enciende una luz roja en el tablero de control, en seguida se escucha el zumbido que le indica a Nishijima que lo llama alguien del Centro. Aprieta el botón de su auricular y casi no reconoce la alterada voz de Ekaterina.
―¡Nobusuke! ¡Detén el experimento inmediatamente! ¡Corremos un peligro mortal!
—¿Qué es lo que pasa? —gritó el ingeniero en repetidas ocasiones, como un eco.
Nishijima tecleó rápidamente las instrucciones para comenzar la interrupción.


Fue demasiado tarde. Las alarmas empezaron a sonar al tiempo que los datos de los decaimientos desaparecían de las pantallas. Una sección de 7 kilómetros del anillo toroidal del superacelerador desapareció en una implosión que se tragó la zona boscosa que le rodeaba. Una gran esfera incandescente empezó a crecer, volviéndose cada vez más brillante, generando un remolino que hacía rugir el aire. Todo, desde los átomos que formaban la tierra, los árboles y los edificios del laboratorio, hasta los fotones que inocentemente se encontraban iluminando la zona, fueron devorados por la rasgadura de espacio-tiempo que Víctor y sus colegas habían creado. Los efectos de las mareas gravitacionales se extendieron a la velocidad de la luz; la mayoría de los seres vivientes de la tierra ni siquiera se dieron cuenta de lo que pasaba. Selvas, desiertos y ciudades fueron arrasados por igual: la singularidad se desplazó al centro planetario y comenzó a degustar el manto y el núcleo rocoso. Finalmente, llegó al centro cristalino de hierro. La terrible esfera engulló sin misericordia el planeta hasta transformarlo en un oscuro fantasma. Leves ondas gravitacionales fueron emitidas en el espacio-tiempo, afectando infinitesimalmente las órbitas planetarias.
Todo en el universo siguió igual, indiferente a la efímera existencia de un planeta y a la lúgubre danza elíptica de una brillante luna alrededor de un abismo negro e insondable. Una brillante luna que nadie podía ver.

domingo 14 de febrero de 2010

BARÓN ORBIS




Un pequeño cuento de amor... ¿o de pasión demoníaca? Quizá las dos...



     La tormenta ocultaba la ciudad, mientras en el horizonte las descargas eléctricas rasgaban el aire. El complejo ojival de Las Industrias Orbis sobresalía a casi ochocientos metros sobre el nivel Beta de la ciudad, el nivel de los rastreros, como la negra silueta del tridente de Neptuno saliendo del mar.
Al comenzar el descenso, el rugido de los motores del ornitóptero dio paso al murmullo de la lluvia al resbalar por los cristales de las ventanas,  —¡Hemos llegado a casa!— exclamó el Barón Vladimir Orbis.
—Bienvenido a casa señor— lo recibió el viceadministrador Holeridge. Oh, y bienvenida también...
—El nombre de mi hermosa esposa es Natalia— dijo el barón con severidad. Ahora ella es tu señora, no lo olvides.
—Por supuesto que no señor— se disculpó Holeridge. Bienvenida también, Baronesa Natalia. Sus habitaciones están listas.
—¿Dónde demonios esta Dimitri?— rezongó el barón. Debería estar aquí para recibirme a mí y a mi esposa.
—Su hermano salió desde ayer señor; no hemos podido encontrarlo— explicó Holeridge a la vez que hacía una reverencia ante la capa roja que sin piedad ocultaba la silueta femenina.
Los tacones de las botas negras de la baronesa resonaron cuando paso frente a Holeridge sin siquiera mirarlo.

El barón cerró las grandes puertas de su aposento, mientras Natalia se posaba en todo su esplendor en la cama circular. Vladimir se despojó de sus botas, la capa púrpura y aflojó los broches de plata de su camisa blanca; estaba cansado por el viaje, pero más que nada por la frenética luna de miel que había tenido al lado de Natalia.
—¿Piensas dormir vestida?— dijo a su mujer mientras se sentaba en la cama.
—¿Dormir? ¿Estás loco?— dijo ella y lo jaló para besarlo. Es la primera noche en nuestra casa y te necesito.
—De acuerdo Natalia, pero sigues con el vestido puesto. ¿Porque no vas a ponerte cómoda mientras reviso unos documentos?— dijo el barón con intenciones de levantarse de la cama. Natalia lo miro directo a los ojos y él no pudo resistir esa mirada. Sintió de nuevo que su voluntad le pertenecía a ella, sintió su corazón latiendo de deseo. Sería capaz de complacerla en todo.
—¡Pues quítamelo!— dijo mientras lo atraía y colocaba los brazos del Barón sobre sus caderas.
—Pensé que había sido suficiente por hoy— dijo él, sonriendo, rendido. Subiéndole el vestido le acarició los blancos muslos, la beso en el cuello palpitante.
—Nunca es suficiente— jadeó Natalia con las pupilas dilatadas y brillantes. Pero el barón no las veía...

—¿Donde está mi hermano? Quiero disculparme con él por no haber podido recibirlo— dijo con tono aristocrático Dimitri Orbis.
—El señor no ha bajado, joven Dimitri— dijo con aspecto perturbado Holeridge. No quisimos molestarlo porque apenas acaba de llegar y su esposa, bueno, usted me entiende.
—Por supuesto, esperaré— se resignó Dimitri.
La orden de abrir las puertas de las habitaciones del barón Orbis fue dada por su hermano después de haber esperado hasta el siguiente medio día. Holeridge, acompañado por su escuadrón abrió la puerta y se topó con el cadáver ensangrentado del barón. Presentaba el aspecto de una bestia después de ser sacrificada. El olor ácido les producía escozor en las fosas nasales.
—¡Pero esto es imposible!— dijo Holeridge tapándose la nariz. Revisen todo, ¡encuentren a la baronesa!
El cuerpo de la baronesa fue encontrado en el cuarto de baño, la desnudez pálida estaba manchada de carmesí. En las finas paredes estaba escrito con sangre: “Maldito seas”; “Yo lo amaba”.
Las personalidades que habían sido invitadas a la fiesta de gala del barón tuvieron que presentarse a su funeral. Todos pasaron a darle las condolencias a Dimitri Orbis.
—Lo siento mucho señor Dimitri— dijo tristemente Holeridge.
—Barón Orbis, por favor- dijo Dimitri. Sus ojos ardían como brasas.

Mas tarde esa noche el recién nombrado Barón Orbis se encontraba en sus habitaciones cuando un fuerte y sulfuroso olor inundó la estancia. Dimitri sintió regocijo al reconocer a su maldito visitante.
—¡Jaldabaoht!— Exclamó Dimitri sin poder evitar una mueca parecida a una sonrisa.
—Muy bien Dimitri, ahora tu alma me pertenece. Todo se llevo a cabo como lo pediste, me tomé la libertad de poseer a una deliciosa cortesana para acabar con Vladimir. Te veré pronto— rugió el demonio, mientras sus carcajadas retumbaban en los oídos del Barón Dimitri; dueño y señor de las Industrias Orbis.

sábado 6 de febrero de 2010

OPINIÓN


A continuación una muy breve opinión acerca de hablar abiertamente de nuestras creencias y posturas "espirituales", la escribí en respuesta a una pregunta de una amiga.


¡Por supuesto que podemos! Y no sólo podemos, debemos, ya que estamos siempre inmersos en el mar de la superstición, la pseudociencia y la charlatanería. ( Eso sin contar a la religión que tiene sus efectos perniciosos aparte, pero también tienen efectos positivos en muchas personas).

Es absurdo que se sorprendan porque los ateos opinemos sobre cuestiones de "religion y espiritualidad", obvio que estos temas también pertenecen a la esfera que puede interesarnos a los ateos, se debe debatir... compartir ideas, no con el afán de convencer a nadie, simplemente para compartir una visión de la realidad diferente. Personalmente prefiero mil veces la visión científica de la ciencia acerca del Universo, que las muy poco imaginativas mitologías religiosas. Prefiero las respuestas parciales (pero confiables y que funcionan) de la ciencia, que las respuestas "totales" que responden "todo" en realidad sin explicar nada, estas últimas muy características de las religiones más exitosas.

"El demonio del conocimiento y de las ganas de aprender" como lo llamó mi amiga, es para mí una de las más nobles manifestaciones del verdadero "espíritu humano", entendido no como una cosa "mágica" o "divina", sino como la manifestación de nuestra mente, nuestra inteligencia y razonamiento, nuestra auto-conciencia, la cuál es producto, como dijo Carl Sagan: "...de una evolución de 13,700 millones de años que ha transformado la materia en vida y conciencia."

Para finalizar les recomiendo la lectura del magnífico "Manual del Perfecto Ateo", escrito por Jorge Volpi:



sábado 23 de enero de 2010

TECHNO KIDS


Para cualquiera de nosotros es evidente que el mundo en que vivimos esta cada vez más permeado de tecnología, lo cuál muchas veces se manifiesta en los innumerables “gadgets” que se han vuelto de uso común: iPods, Blu Rays, iPhones y BlackBerrys. Todas estas chucherías tecnológicas se han vuelto el nuevo paraíso del consumista que necesita de nuevos productos tal como el adicto necesita su dosis de coca o por lo menos un churrito.

Esto es aún más evidente en proporción inversa a la edad del consumidor, entre más pequeños los miembros de homo sapiens más integración existe con este “tecnomundo”. Los pequeñines se dan vuelo desparramando sangre o despedazando alienígenas o policias en las más recientes versiones de X-Box o Nintendo Wii, además claro de mandar mensajes multimedia a diestra y siniestra a través de sus “cels” del más reciente modelo Nokia o Apple. Y aquí surge una paradoja, porque si bien es cierta está relación simbiótica entre los infantes y sus contrapartes de silicio, así mismo es más frecuente la animadversión de los pequeños por la ciencia. A gran parte de la población infantil se le contagia una errónea idea: La ciencia es aburrida, difícil y no sirve para nada. Esta idea inicia su contagio desde el seno familiar y se refuerza en las escuelas. Antes de que algún joven lector “geek” se pregunte con un extraño gesto, ¿que diablos tiene que ver dicha realidad con la ciencia?, para las personas que comparten esta idea, cabria preguntarse: ¿De donde emergen todos los adelantos que hacen posible nuestra actual civilización? ¿Del interior de un sombrero mágico? No. Emergen de los conocimientos producidos por la ciencia.


A pesar de vivir en una sociedad cimentada sobre la base de la ciencia y una de sus consecuencias, la tecnología, la mayoría de las personas no conocen de ciencia ni se interesan por ella. Esto es grave en especial cuando se refiere a nuestros niños, que aunque suene trillado, efectivamente son nuestro futuro, y si queremos tener uno más luminoso, deberíamos preocuparnos mucho más por mejorar la educación empezando en el nivel básico. Es bien conocido el argumento de que nuestro desprecio por la ciencia comienza cuando en la primaria nos topamos con pésimos profesores, los cuales nos transmiten – cual infección – su ignorancia de la ciencia y actitud hostil hacía ella, esta tendencia se refuerza en el nivel medio y en el bachillerato. Sin duda esto es cierto, pero es aún más significativo el que la educación familiar tampoco incluye una mínima cultura científica. Sería ocioso enumerar todas las consecuencias atroces de lo anterior, las cuales inciden negativamente en el nivel de vida de países del tercer mundo como el nuestro, basta echar una ojeada al meteórico ascenso de las economías asiáticas, de las cuales el ejemplo clásico había sido Japón pero que ahora está claramente representado por China e India, las cuales le disputarán el trono a Estados Unidos en las próximas décadas.

            Y es que a pesar de vivir en “La Era de la Información”, el conocimiento escasea en igual proporción. Pero no todo está perdido, por lo menos eso se siente al estar en medio de una conferencia de ciencia - acerca de las aportaciones de Albert Einstein por ejemplo, algo que he presenciado personalmente - en la cual haya montones de chiquillos ansiosos y preguntones. Y vaya que las preguntas de los niños son interesantes, ¿Porque las estrellas son redondas? ¿Qué pasa si mi nave espacial se queda sin combustible? ¿Porque pesan las cosas? Preguntaban sin cesar. Los niños son científicos por naturaleza, porque la ciencia nace de la curiosidad humana. He experimentado lo anterior de primera mano en ferias de ciencia y eventos de divulgación para niños, su entusiasmo es contagioso, su interés, patente; su curiosidad, infinita. Así que no es un problema intrínseco de la población infantil sino un problema de nuestro sistema educativo y nuestra cultura familiar.

            Existe un punto aún más importante, en su naturaleza más esencial, la ciencia comparte con el arte mucho más de lo que se suele imaginar. Es tal como ésta, parte integral de la cultura, de nuestra naturaleza humana y su manifestación, de lo que nos hace seres humanos. Hacemos ciencia porque somos curiosos, hacemos arte porque somos creativos. Es labor de aquellos que se sientan comprometidos con la educación de los niños, viendo en ella la única llave para salir de la prisión del subdesarrollo de nuestra sociedad, poner énfasis en los aspectos culturales de la difusión científica. Construir una auténtica cultura científica es responsabilidad de todos aquellos que dicen apreciar la cultura, de todos aquellos que se sientan comprometidos con luchar por una sociedad más justa. Debemos preocuparnos por una mejor educación para nuestra población, una educación de calidad que produzca mexicanos capaces de competir con cualquiera, sea chino, alemán, coreano o japonés. La vieja consigna –al parecer olvidada- sigue siendo válida: Una sociedad educada es una sociedad libre.

Si no ves con ojos amables a la ciencia, tal vez sea tiempo de observarla con una vista renovada.


Una primera versión de este texto fue publicada originalmente en la Revista Revés Morelia.
Para contactar a la revista: valenzuelareves@gmail.com
 Todos los Derechos Reservados, Revista Revés Copyright 2010.

martes 19 de enero de 2010

Para buenos libros... ¡las películas que sean necesarias!




Acabo de leer un artículo publicado en el blog de cine de Letras Libres, "Seis películas para tres libros" ( http://www.letraslibres.com/blog/blogs/index.php?title=seis_peliculas_para_tres_libros&more=1&c=1&tb=1&pb=1&blog=14 ) El cual amerita el siguiente comentario:

Dicho artículo refleja la miopía que ha prevalecido en la mayoría de la gente que no tiene idea de lo que significa una saga literaria, por no hablar de una saga de cómics (la cual en realidad no tiene fin). Pero ¿porque esto les produce miedo, rechazo o indignación? No tengo idea... Cualquiera que haya gozado leyendo una saga literaria sabe que lo que uno menos quiere es que se acabe la diversión.

Por otra parte es un hecho que la razón financiera es quizá la más importante a la hora de decidir hacer dos películas de un libro, siendo una inversión asegurada y con ganancias estratosféricas la pregunta correcta sería: ¿porque se habían tardado tanto? Yo no le veo el problema, de hecho me encanta la perspectiva.

Recuerdo que una vez leí en alguna revista un artículo donde el ignorante autor decía que el cine ya estaba saturado de superhéroes, que ya eran muchas partes. No de daba cuenta, obviamente, que esto apenas empieza, las películas de cómics que los fans realmente estamos esperando apenas comenzaran en 2012 con el estreno de Avengers de Marvel, y eso sólo será una nueva etapa más al estilo de lo que siempre hemos querido ver en pantalla.

La otra razón que quizá sea secundaria para los grandes estudios, pero no para los fans, es que si tenemos más tiempo en pantalla se puede contar más al estilo que realmente está en el libro, una de las principales quejas del público lector es que en la película fueron cortadas miles de cosas que si están en el libro. Así que en realidad, la avaricia de los estudios finalmente nos beneficia como fans, al menos en este caso, y yo no podría estar más feliz.

Para finalizar es claro que como decía Theodore Sturgeon acerca de la ciencia ficción: "el 90 % de todo es basura". Pero ese diez por ciento, que feliz nos hace. Así que habrá buenas sagas que mostrar en pantalla, tales como Batman, Lord of the Rings o incluso Harry Potter; en compañia de sagas insulsas, vacías y mediocres como Twilight.

viernes 15 de enero de 2010

MARTE ROJO



La nave bajó del espacio. Venía de las estrellas y los abismos oscuros, las órbitas relucientes, las silenciosas bahías del espacio. Era una nave nueva, con fuego en las entrañas y hombres en las celdas de metal, y se movía en un silencio limpio, resplandeciente y cálido. Llevaba diecisiete hombres, incluido el capitán. La muchedumbre, reunida en la pista de Ohio, los había despedido con gritos de alegría, agitando las manos a la luz del sol, y el cohete, envuelto en grandes flores de color, se había alejado en el espacio. ¡El tercer viaje a Marte!


Ray Bradbury. Crónicas Marcianas



La raza humana siempre se ha sentido atraída por el cielo, aún en épocas en que lo más importante era sobrevivir ante las bestias de que nos alimentábamos; el hombre se daba tiempo para observar el cielo. El brillo de las estrellas en una oscura noche o el calor restaurador del sol siempre estuvieron con nosotros, entre las luces del cielo nocturno hubo una que llamó poderosamente la atención de los hombres, se trataba de una luz rojiza, que evocaba el fuego y la sangre y por lo tanto tragedia, desastre y guerra. No por nada los griegos lo consideraban su dios de la guerra y lo llamaban Ares, y cada 687 días, tiempo que tarda Marte en darle la vuelta al Sol, temían, pues dicho planete -“errante”- se acercaba –y se acerca, en la perspectiva de la visión desde la Tierra- a la estrella más brillante de la constelación Scorpius, una estrella gigante roja que llamaban Antares; que como su nombre lo indica significa Anti-Ares. Posteriormente los romanos lo rebautizaron como su propio dios de la guerra: Marte.

Hubo otra razón para que los antiguos consideraran a Marte como excepcional, es el único planeta que muestra una variación en su brillo de manera muy notable; esto es debido a que Marte en su órbita alrededor del Sol varía de estar a menos de 60 millones de kilómetros de la Tierra, a estar a casi 400. De acuerdo a las leyes de la física el brillo disminuye por la ley del cuadrado inverso, esto significa que si la distancia aumenta al doble el brillo disminuye cuatro veces.

LOS CANALES DE MARTE Y LA CIENCIA FICCIÓN

En 1877 el italiano Giovanni Schiaparelli dijo haber observado una red de líneas sobre la superficie de Marte a las cuales denominó canali, debido a la traducción al inglés se interpretó que se refería a canales artificiales. En esa época la teoría acerca de la formación del Sistema Solar afirmaba que los planetas más lejanos del Sol eran los más viejos, esto hacía pensar a las mentes nostálgicas que en Marte podría existir una civilización en decadencia, pero más avanzada tecnológicamente. La idea de los canales marcianos cuajó, algunos creyeron que eran utilizados por los marcianos para transportar el agua desde los polos hacía la zona ecuatorial del planeta. A pesar de que otros astrónomos declararon no ver los dichosos canales, un norteamericano llamado Percival Lowell creyó realmente en ellos y como contaba con el dinero suficiente, construyó el famoso observatorio de Flagstaff en el desierto de Arizona. Utilizando su telescopio, Lowell hizo extensivos dibujos de la superficie marciana, según él la veía, apoyando la hipótesis de los canales artificiales.

Por todo ello no es raro que los escritores de ciencia ficción de finales del siglo XIX y principios del XX se sintieran atraídos hacía la “agonizante civilización marciana”. En su novela más famosa, La Guerra de Los Mundos,  H.G. Wells describe la invasión de unos sanguinarios marcianos a la Inglaterra victoriana; lo irónico es que se muestran tan crueles y desconsiderados con los humanos como los ingleses lo hacían con los habitantes nativos de sus colonias. De aquí se deriva un hecho histórico en los anales de la radio, el 30 de octubre de 1938, una tarde de domingo en la víspera de Halloween; Orson Welles hizó una dramatización adaptada de La Guerra de Los Mundos, situándola en Estados Unidos, el resultado: Una histeria masiva en varias partes del país, especialmente en Nueva Jersey y el lanzamiento a la fama de Welles. Al parecer el hecho de que mucha gente no escuchó el programa desde el principio, donde se decía que todo era ficción, aunado a que el programa se presentaba como boletines especiales de noticias hizo que la gente creyera de verdad en la invasión marciana. Esto prueba lo arraigada que estaba la creencia en marcianos decadentes y malignos.

Edgar Rice Burroughs, el creador de Tarzan, publicó en 1917 Una Princesa de Marte, primera de varias novelas en que el capitán John Carter viaja a Marte –que los nativos llamaban Barsoom- para combatir las fuerzas del mal. Pero un marciano realmente diferente de los humanos apareció en Una Odisea Marciana de Stanley G. Weinbaum, su criatura marciana era muy inteligente pero de una manera peculiar, y no necesitaba ser una amenaza para resultar interesante. En 1950 el poeta de la ciencia ficción, Ray Bradbury publicó sus Crónicas Marcianas; narrando la extinción de la raza marciana y la llegada de una nueva clase de “marcianos”, por supuesto, se trata de los humanos que colonizan Marte. En Las Arenas de Marte publicada en 1952, Arthur C. Clarke narra de una forma moderna y científica, las dificultades que implica la terraformación del planeta rojo, es decir, la transformación de Marte en un ambiente adecuado para la vida de la Tierra. En su relato Al Estilo Marciano, el gran Isaac Asimov describió las sensaciones de una caminata espacial, dichas sensaciones fueron las que los astronautas declararon sentir muchos años después. Para finalizar el siglo XX, la trilogía de Kim Stanley Robinson –Marte Rojo, Marte Verde y Marte Azul – muestra la futilidad de intentar crear una sociedad marciana que evite los errores cometidos en la Tierra. Todos estos libros analizan, desde distintos puntos de vista, la interacción entre la humanidad y el planeta rojo, reflejando con ello nuestros sueños y miedos más fundamentales.

LAS MISIONES A MARTE, DE LOS MARINERS AL MARS EXPRESS

Actualmente sabemos que Marte tiene un  día que dura 24 hrs 37 min, muy parecido al de la Tierra; mientras que su año dura 687 días, casi el doble que en nuestro planeta; que la inclinación de su eje es de 25° 10’, muy cercano al de 23° 27’ de la Tierra; que el diámetro de Marte, 6800 km, es menos de la mitad del de la Tierra, 12750 km; que la masa del planeta rojo es 90% menor que la de su vecino azul pero la densidad es muy parecida entre ambos; muy interesante es la composición de la atmósfera marciana, un 95% de CO2, 3% de N y 2% de Argón; en la Tierra en cambio, la mayoría es Nitrógeno, seguida por el Oxígeno y en casi igual proporción por el Argón. Y claro, que su color rojizo, se debe al óxido metálico que cubre su superficie. Pero, ¿cómo es que hemos llegado a saber todo esto de Marte?

La Unión Soviética lanzó su primera sonda a Marte en 1962, por lo que parecía que los soviéticos se adelantarían a la NASA en llegar a Marte, pero a medio camino de Marte la nave llamada Mars 1 desapareció, su señal se perdió y nunca se ha sabido que fue de ella; la NASA tenía una segunda oportunidad. Las elegidas fueron las naves Mariner 3 y Mariner 4, con despegues previstos para noviembre de 1964; poco después su lanzamiento la Mariner 3 tuvo una falla fatal, los científicos e ingenieros se apresuraron para no permitir que le ocurriera lo mismo a su compañera y lo lograron; el 15 de julio de 1965, siete meses después de haber abandonado la Tierra, la Mariner 4 se convirtió en la primera nave en alcanzar el planeta rojo. Los datos recogidos por la sonda empezaron a llegar en cascada, la ausencia de campo magnético indicaba que Marte no tenía un núcleo metálico en movimiento como la tierra; se detecto que su tenue atmósfera estaba compuesta en su mayoría por dióxido de carbono y que sus casquetes polares estaban hechos de hielo seco, es decir, de CO2 solidificado y no de agua como se había supuesto. Además, se resolvió la antigua controversia acerca de los canales marcianos, las fotografías tomadas mostraron que no había tales canales y que su observación se debía a efectos de alineación de distintos detalles sobre el planeta, como cráteres, riscos, etc. Como quien dice, la gente sólo ve lo que quiere ver.

El Mariner 9 fue la siguiente nave en tener un éxito rotundo y aportar muchísimos datos nuevos, a pesar de que cuando llegó a Marte, éste estaba cubierto por la peor tormenta de polvo registrada hasta la fecha. Cuando la tormenta cesó, las cámaras mostraron cuatro espectaculares y gigantescos volcanes, el mayor de ellos, el Olympus Mons –o Monte Olimpo- es la montaña más alta del sistema solar; se eleva 27 km sobre la llanura y su base mide 650 km, los tres restantes recibieron el nombre de Montes Tharsis y cualquiera deja enanas a las mas grandes montañas de la Tierra. El siguiente descubrimiento de impacto fue el cañón Valles Marineris, con una longitud que iguala la que hay de Nueva York a Los Ángeles y una anchura de Nueva York a Boston; también se observó la llanura Chryse Planitia, donde hay numerosos accidentes geográficos que hacen pensar en el flujo de agua sobre el planeta, probablemente hace miles de millones de años ríos marcianos serpenteaban por la llanura. Esto despertó nuevamente la posibilidad de vida en Marte, si bien no el presente, tal vez Marte albergó vida en un pasado remoto.

El proyecto Viking de la NASA fue concebido con el propósito primordial de buscar vida en el suelo marciano, pero no logró encontrar nada en ese sentido; desgraciadamente para los que buscan hombrecillos verdes, aún así contribuyó enormemente al conocimiento del planeta. Sin embargo, en agosto de 1996 la NASA anunció en una conferencia de prensa que se habían encontrado evidencias fósiles e vida, esto en una roca de procedencia marciana encontrada en la Antártida; el famoso meteorito ALH84001. Aún hoy se debate si realmente se trata de evidencia inequívoca de vida marciana, o es simplemente una serie de formaciones geológicas naturales; desgraciadamente la evidencia se inclina por esta última posibilidad.

Después de veinte años en que se le dio la espalda a Marte, la sonda Pathfinder y su vehículo todoterreno robot Sojourner fueron lanzados a bordo de un cohete Delta II el 4 de diciembre de 1996. Se encontraron importantes evidencias geológicas que apoyan la idea de que Marte tuvo agua líquida fluyendo por su superficie. La sonda espacial Mars Global Surveyor ha tomado fotografías y espectros infrarrojos desde 1997, mientras que la Mars Odyssey, lanzada en 2001; encontró algo muy importante, ¡agua congelada en el subsuelo del polo sur marciano!

A finales de 2003 se tuvo la noticia de la llegada de varias sondas a Marte, los Mars Exploration Rovers de la NASA; el Mars Express con su módulo de amartizaje Beagle 2, de la Agencia Espacial Europea; y el orbitador Nozomi, del Instituto de Ciencia Espacial y Astronáutica de Japón. Sin duda estas naves aportaron muchísima información que actualmente ni siquiera hemos interpretado cabalmente, los rovers duraron mucho más de lo esperado. La pregunta persiste: ¿hay vida en Marte o la hubo alguna vez? Una respuesta que, de ser afirmativa, tocará los corazones y las mentes de todos los humanos de la Tierra. 

MARTE... ¡ALLÁ VAMOS...!

Wernher von Braun fue el ingeniero nazi que comando el proyecto Apollo y diseñó el poderoso cohete Saturno V que puso al hombre en la Luna, en 1952 publicó un libro llamado Das Marsprojekt –El Proyecto Marte- en el cual describía una misión a Marte compuesta por varias naves interplanetarias, una tripulación numerosa Y tres unidades de aterrizaje. No le agradaba la idea del cohete solitario y la banda de aventureros intrépidos, prefería una colaboración mayor; ponía de ejemplo el viaje de Colón a América, el cual de haber estado compuesto solo por una nave y unos cuantos tripulantes de seguro habría fracasado.

Desgraciadamente nos encontramos aún muy lejos de los ambiciosos planes de von Braun, en la proyectada misión internacional conjunta a Marte que muchos afirman no será antes del año 2025; seguramente no serán numerosas ni las naves ni la tripulación. Actualmente el mundo afronta problemas primarios, algunos recrudecidos en esta primera década del siglo XXI, la producción y distribución de alimentos para una superpoblación en constante crecimiento, la energía necesaria para mantener el ritmo de vida del mundo sin contribuir obscenamente al calentamiento global, por no hablar de la crisis económica mundial y la amenaza siempre presente del terrorismo. Por ello parecerá demasiado lujo aprobar presupuestos gigantescos para poner los pies en suelo marciano, sin embargo, tarde o temprano nos encontraremos en un tiempo propicio para que el hombre despierte a ese afán de exploración y conocimiento que siempre lo ha acompañado, que no ha sido detenido por ningún desastre; como bien escribió Isaac Asimov, el mensaje al universo seguirá siendo: ¡Allá vamos...!