domingo, 3 de enero de 2010

EL GOZO INTELECTUAL



La Feria Internacional del Libro de Guadalajara que se celebró hace poco más de un año, en diciembre de 2008 fue, manteniendo la buena costumbre, un abanico de eventos literarios y culturales que significaron un deleite para los asistentes. Aquella vez, sin embargo, tuvo un sabor muy especial para aquellos que estamos interesados en la comprensión y disfrute público de la ciencia, ya que se llevó a cabo el Primer Coloquio Internacional de Cultura Científica. Dicho evento contó con una excelente organización por parte del Museo Trompo Mágico y del Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología de Jalisco, además de un par de invitados de verdadero lujo. El objetivo principal fue dialogar y conversar acerca de la ciencia en la cultura, o de la falta de ella en lo que comúnmente llamamos cultura. Esto como consecuencia de que nuestra sociedad olvida el hecho primordial: la ciencia es también cultura.





Para abrir boca, la conferencia magistral estuvo a  cargo del Dr. Marcelino Cereijido, destacado investigador del CINVESTAV y polémico como pocos en sus opiniones y reflexiones acerca del analfabetismo científico que pulula en nuestra sociedad. Éste fue precisamente el tema de su conferencia, la cual nos arrancó varias carcajadas a los afortunados asistentes, con un estilo claro y directo sin dejar de lado su característico humor argentino y mucho menos lo polémico de su planteamiento. En ella pasó revisión a las diferentes cosmogonías que hemos tenido desde que comenzamos a crear civilizaciones, y el momento mágico, vaya paradoja, cuando el mundo occidental pasó de una visión mítica de la realidad a una visión científica de ella. En la tesis de Cereijido esta separación en la interpretación de la realidad es lo que ha desembocado en dos mundos: uno que crea, reflexiona, conoce e innova y uno que consume, fabrica y vende el producto del conocimiento del primero. Adivinen en cuál vivimos nosotros.





Cereijido lo deja claro al hablar sobre los escritos de un grupo de destacados intelectuales mexicanos, encabezados por Octavio Paz, ni más ni menos, y también formado por dos Carlos, Monsiváis y Fuentes. En los diversos trabajos de dichos escritores, no suele mencionarse el influyente papel de la ciencia en la construcción de nuestra actual civilización. Como menciona Carl Sagan en su libro El mundo y sus demonios, la  visión unificadora de James Clerk Maxwell acerca de la naturaleza de la electricidad y el magnetismo en el siglo XIX, cambio el mundo para siempre mucho más que 100 monarcas, reyes y presidentes juntos. Sin embargo, nuestra sociedad no se da cuenta de esta clase de hechos, ya que una de las características de la falta de cultura científica es que quién la padece no puede darse cuenta de ello. Al final, Cereijido lanzó un reto a todos los divulgadores: ¿cómo competir contra todo el abanico de pseudociencia y charlatanería existente, haciendo además eco de una auténtica cultura científica compartida? ¿Cómo transmitir el auténtico placer de la cultura científica, el cual se experimenta al apreciar el mundo con su óptica?





Para aceptar el reto hizo acto de presencia Jorge Wagensberg, físico español, investigador de la Universidad de Barcelona y referencia mundial en el campo de la ciencia y la cultura. Wagensberg fue responsable de la creación del museo de ciencia CosmoCaixa en Barcelona, el cual obtuvo el premio al mejor museo europeo en 2006, por si fuera poco dirige desde hace 25 años, aniversario que todos festejamos en el marco del coloquio, la colección de libros de divulgación científica Metatemas: Libros para pensar la ciencia. Wagensberg participó en un panel llamado el gozo intelectual, título de su libro más reciente, escuchar sus anécdotas acerca de descubrimientos científicos iniciados en medio de cenas informales y excursiones a lugares paradisiacos o exóticos hizo honor al título de su libro. Destacó los increíbles beneficios de la conversación, el intercambio de ideas y argumentos entre amigos y colegas, la cual no se promueve en nuestros sistemas educativos, criminal sabotaje de lo que Isaac Asimov llamó el bien más preciado: una mente inquieta.







Para Wagensberg, es precisamente ésta la clave para propagar la cultura científica, en la medida que seamos capaces de recrear el conocimiento científico, el placer de las conexiones de la ciencia con nuestra realidad, el placer de contar historias con ciencia; entonces lograremos nuestro objetivo, el objetivo de la divulgación científica: El gozo intelectual.