viernes, 15 de enero de 2010

MARTE ROJO



La nave bajó del espacio. Venía de las estrellas y los abismos oscuros, las órbitas relucientes, las silenciosas bahías del espacio. Era una nave nueva, con fuego en las entrañas y hombres en las celdas de metal, y se movía en un silencio limpio, resplandeciente y cálido. Llevaba diecisiete hombres, incluido el capitán. La muchedumbre, reunida en la pista de Ohio, los había despedido con gritos de alegría, agitando las manos a la luz del sol, y el cohete, envuelto en grandes flores de color, se había alejado en el espacio. ¡El tercer viaje a Marte!


Ray Bradbury. Crónicas Marcianas



La raza humana siempre se ha sentido atraída por el cielo, aún en épocas en que lo más importante era sobrevivir ante las bestias de que nos alimentábamos; el hombre se daba tiempo para observar el cielo. El brillo de las estrellas en una oscura noche o el calor restaurador del sol siempre estuvieron con nosotros, entre las luces del cielo nocturno hubo una que llamó poderosamente la atención de los hombres, se trataba de una luz rojiza, que evocaba el fuego y la sangre y por lo tanto tragedia, desastre y guerra. No por nada los griegos lo consideraban su dios de la guerra y lo llamaban Ares, y cada 687 días, tiempo que tarda Marte en darle la vuelta al Sol, temían, pues dicho planete -“errante”- se acercaba –y se acerca, en la perspectiva de la visión desde la Tierra- a la estrella más brillante de la constelación Scorpius, una estrella gigante roja que llamaban Antares; que como su nombre lo indica significa Anti-Ares. Posteriormente los romanos lo rebautizaron como su propio dios de la guerra: Marte.

Hubo otra razón para que los antiguos consideraran a Marte como excepcional, es el único planeta que muestra una variación en su brillo de manera muy notable; esto es debido a que Marte en su órbita alrededor del Sol varía de estar a menos de 60 millones de kilómetros de la Tierra, a estar a casi 400. De acuerdo a las leyes de la física el brillo disminuye por la ley del cuadrado inverso, esto significa que si la distancia aumenta al doble el brillo disminuye cuatro veces.

LOS CANALES DE MARTE Y LA CIENCIA FICCIÓN

En 1877 el italiano Giovanni Schiaparelli dijo haber observado una red de líneas sobre la superficie de Marte a las cuales denominó canali, debido a la traducción al inglés se interpretó que se refería a canales artificiales. En esa época la teoría acerca de la formación del Sistema Solar afirmaba que los planetas más lejanos del Sol eran los más viejos, esto hacía pensar a las mentes nostálgicas que en Marte podría existir una civilización en decadencia, pero más avanzada tecnológicamente. La idea de los canales marcianos cuajó, algunos creyeron que eran utilizados por los marcianos para transportar el agua desde los polos hacía la zona ecuatorial del planeta. A pesar de que otros astrónomos declararon no ver los dichosos canales, un norteamericano llamado Percival Lowell creyó realmente en ellos y como contaba con el dinero suficiente, construyó el famoso observatorio de Flagstaff en el desierto de Arizona. Utilizando su telescopio, Lowell hizo extensivos dibujos de la superficie marciana, según él la veía, apoyando la hipótesis de los canales artificiales.

Por todo ello no es raro que los escritores de ciencia ficción de finales del siglo XIX y principios del XX se sintieran atraídos hacía la “agonizante civilización marciana”. En su novela más famosa, La Guerra de Los Mundos,  H.G. Wells describe la invasión de unos sanguinarios marcianos a la Inglaterra victoriana; lo irónico es que se muestran tan crueles y desconsiderados con los humanos como los ingleses lo hacían con los habitantes nativos de sus colonias. De aquí se deriva un hecho histórico en los anales de la radio, el 30 de octubre de 1938, una tarde de domingo en la víspera de Halloween; Orson Welles hizó una dramatización adaptada de La Guerra de Los Mundos, situándola en Estados Unidos, el resultado: Una histeria masiva en varias partes del país, especialmente en Nueva Jersey y el lanzamiento a la fama de Welles. Al parecer el hecho de que mucha gente no escuchó el programa desde el principio, donde se decía que todo era ficción, aunado a que el programa se presentaba como boletines especiales de noticias hizo que la gente creyera de verdad en la invasión marciana. Esto prueba lo arraigada que estaba la creencia en marcianos decadentes y malignos.

Edgar Rice Burroughs, el creador de Tarzan, publicó en 1917 Una Princesa de Marte, primera de varias novelas en que el capitán John Carter viaja a Marte –que los nativos llamaban Barsoom- para combatir las fuerzas del mal. Pero un marciano realmente diferente de los humanos apareció en Una Odisea Marciana de Stanley G. Weinbaum, su criatura marciana era muy inteligente pero de una manera peculiar, y no necesitaba ser una amenaza para resultar interesante. En 1950 el poeta de la ciencia ficción, Ray Bradbury publicó sus Crónicas Marcianas; narrando la extinción de la raza marciana y la llegada de una nueva clase de “marcianos”, por supuesto, se trata de los humanos que colonizan Marte. En Las Arenas de Marte publicada en 1952, Arthur C. Clarke narra de una forma moderna y científica, las dificultades que implica la terraformación del planeta rojo, es decir, la transformación de Marte en un ambiente adecuado para la vida de la Tierra. En su relato Al Estilo Marciano, el gran Isaac Asimov describió las sensaciones de una caminata espacial, dichas sensaciones fueron las que los astronautas declararon sentir muchos años después. Para finalizar el siglo XX, la trilogía de Kim Stanley Robinson –Marte Rojo, Marte Verde y Marte Azul – muestra la futilidad de intentar crear una sociedad marciana que evite los errores cometidos en la Tierra. Todos estos libros analizan, desde distintos puntos de vista, la interacción entre la humanidad y el planeta rojo, reflejando con ello nuestros sueños y miedos más fundamentales.

LAS MISIONES A MARTE, DE LOS MARINERS AL MARS EXPRESS

Actualmente sabemos que Marte tiene un  día que dura 24 hrs 37 min, muy parecido al de la Tierra; mientras que su año dura 687 días, casi el doble que en nuestro planeta; que la inclinación de su eje es de 25° 10’, muy cercano al de 23° 27’ de la Tierra; que el diámetro de Marte, 6800 km, es menos de la mitad del de la Tierra, 12750 km; que la masa del planeta rojo es 90% menor que la de su vecino azul pero la densidad es muy parecida entre ambos; muy interesante es la composición de la atmósfera marciana, un 95% de CO2, 3% de N y 2% de Argón; en la Tierra en cambio, la mayoría es Nitrógeno, seguida por el Oxígeno y en casi igual proporción por el Argón. Y claro, que su color rojizo, se debe al óxido metálico que cubre su superficie. Pero, ¿cómo es que hemos llegado a saber todo esto de Marte?

La Unión Soviética lanzó su primera sonda a Marte en 1962, por lo que parecía que los soviéticos se adelantarían a la NASA en llegar a Marte, pero a medio camino de Marte la nave llamada Mars 1 desapareció, su señal se perdió y nunca se ha sabido que fue de ella; la NASA tenía una segunda oportunidad. Las elegidas fueron las naves Mariner 3 y Mariner 4, con despegues previstos para noviembre de 1964; poco después su lanzamiento la Mariner 3 tuvo una falla fatal, los científicos e ingenieros se apresuraron para no permitir que le ocurriera lo mismo a su compañera y lo lograron; el 15 de julio de 1965, siete meses después de haber abandonado la Tierra, la Mariner 4 se convirtió en la primera nave en alcanzar el planeta rojo. Los datos recogidos por la sonda empezaron a llegar en cascada, la ausencia de campo magnético indicaba que Marte no tenía un núcleo metálico en movimiento como la tierra; se detecto que su tenue atmósfera estaba compuesta en su mayoría por dióxido de carbono y que sus casquetes polares estaban hechos de hielo seco, es decir, de CO2 solidificado y no de agua como se había supuesto. Además, se resolvió la antigua controversia acerca de los canales marcianos, las fotografías tomadas mostraron que no había tales canales y que su observación se debía a efectos de alineación de distintos detalles sobre el planeta, como cráteres, riscos, etc. Como quien dice, la gente sólo ve lo que quiere ver.

El Mariner 9 fue la siguiente nave en tener un éxito rotundo y aportar muchísimos datos nuevos, a pesar de que cuando llegó a Marte, éste estaba cubierto por la peor tormenta de polvo registrada hasta la fecha. Cuando la tormenta cesó, las cámaras mostraron cuatro espectaculares y gigantescos volcanes, el mayor de ellos, el Olympus Mons –o Monte Olimpo- es la montaña más alta del sistema solar; se eleva 27 km sobre la llanura y su base mide 650 km, los tres restantes recibieron el nombre de Montes Tharsis y cualquiera deja enanas a las mas grandes montañas de la Tierra. El siguiente descubrimiento de impacto fue el cañón Valles Marineris, con una longitud que iguala la que hay de Nueva York a Los Ángeles y una anchura de Nueva York a Boston; también se observó la llanura Chryse Planitia, donde hay numerosos accidentes geográficos que hacen pensar en el flujo de agua sobre el planeta, probablemente hace miles de millones de años ríos marcianos serpenteaban por la llanura. Esto despertó nuevamente la posibilidad de vida en Marte, si bien no el presente, tal vez Marte albergó vida en un pasado remoto.

El proyecto Viking de la NASA fue concebido con el propósito primordial de buscar vida en el suelo marciano, pero no logró encontrar nada en ese sentido; desgraciadamente para los que buscan hombrecillos verdes, aún así contribuyó enormemente al conocimiento del planeta. Sin embargo, en agosto de 1996 la NASA anunció en una conferencia de prensa que se habían encontrado evidencias fósiles e vida, esto en una roca de procedencia marciana encontrada en la Antártida; el famoso meteorito ALH84001. Aún hoy se debate si realmente se trata de evidencia inequívoca de vida marciana, o es simplemente una serie de formaciones geológicas naturales; desgraciadamente la evidencia se inclina por esta última posibilidad.

Después de veinte años en que se le dio la espalda a Marte, la sonda Pathfinder y su vehículo todoterreno robot Sojourner fueron lanzados a bordo de un cohete Delta II el 4 de diciembre de 1996. Se encontraron importantes evidencias geológicas que apoyan la idea de que Marte tuvo agua líquida fluyendo por su superficie. La sonda espacial Mars Global Surveyor ha tomado fotografías y espectros infrarrojos desde 1997, mientras que la Mars Odyssey, lanzada en 2001; encontró algo muy importante, ¡agua congelada en el subsuelo del polo sur marciano!

A finales de 2003 se tuvo la noticia de la llegada de varias sondas a Marte, los Mars Exploration Rovers de la NASA; el Mars Express con su módulo de amartizaje Beagle 2, de la Agencia Espacial Europea; y el orbitador Nozomi, del Instituto de Ciencia Espacial y Astronáutica de Japón. Sin duda estas naves aportaron muchísima información que actualmente ni siquiera hemos interpretado cabalmente, los rovers duraron mucho más de lo esperado. La pregunta persiste: ¿hay vida en Marte o la hubo alguna vez? Una respuesta que, de ser afirmativa, tocará los corazones y las mentes de todos los humanos de la Tierra. 

MARTE... ¡ALLÁ VAMOS...!

Wernher von Braun fue el ingeniero nazi que comando el proyecto Apollo y diseñó el poderoso cohete Saturno V que puso al hombre en la Luna, en 1952 publicó un libro llamado Das Marsprojekt –El Proyecto Marte- en el cual describía una misión a Marte compuesta por varias naves interplanetarias, una tripulación numerosa Y tres unidades de aterrizaje. No le agradaba la idea del cohete solitario y la banda de aventureros intrépidos, prefería una colaboración mayor; ponía de ejemplo el viaje de Colón a América, el cual de haber estado compuesto solo por una nave y unos cuantos tripulantes de seguro habría fracasado.

Desgraciadamente nos encontramos aún muy lejos de los ambiciosos planes de von Braun, en la proyectada misión internacional conjunta a Marte que muchos afirman no será antes del año 2025; seguramente no serán numerosas ni las naves ni la tripulación. Actualmente el mundo afronta problemas primarios, algunos recrudecidos en esta primera década del siglo XXI, la producción y distribución de alimentos para una superpoblación en constante crecimiento, la energía necesaria para mantener el ritmo de vida del mundo sin contribuir obscenamente al calentamiento global, por no hablar de la crisis económica mundial y la amenaza siempre presente del terrorismo. Por ello parecerá demasiado lujo aprobar presupuestos gigantescos para poner los pies en suelo marciano, sin embargo, tarde o temprano nos encontraremos en un tiempo propicio para que el hombre despierte a ese afán de exploración y conocimiento que siempre lo ha acompañado, que no ha sido detenido por ningún desastre; como bien escribió Isaac Asimov, el mensaje al universo seguirá siendo: ¡Allá vamos...!

2 comentarios:

Ruben dijo...

hola esta bueno tu post
me gusto
yo siempre eh dicho que todas las preguntas que tiene el humano sobre su origen y demas las respuestas estan en el cosmos

saludos

DEMERZEL dijo...

¡Gracias por tu opinión! Y tienes razón en lo que comentas... El cosmos es de donde provenimos, nuestro hogar más elemental y algo nos llama hacía las estrellas... tarde o temprano deberemos ir, Saludos.